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La identidad de un piloto a través de su casco
4 junio 2013 Sin duda el elemento más personal de cada piloto es su casco. Ya sea sencillo o no, el diseño representa el único espacio en el automóvil (generalmente hablando) donde puede denotar su personalidad e individualizarse respecto al resto de los competidores. En lo que concierne a las carreras de autos tipo fórmula, resulta especialmente notorio y es un punto de distinción para la identificación de los diversos pilotos que comparten colores de auto, lo que también ayuda al aficionado al momento de descifrar quien va manejando.

En un principio, los diseños eran sencillos y fácilmente confundidos unos con otros al no tener muchos elementos de distinción, siendo el nombre y algunos colores nacionales lo que principalmente individualizaba un casco sobre otro. Sin embargo, con el paso de los años, aunado al aumento en los recursos económicos disponibles para los pilotos y el desarrollo tecnológico

Los pilotos se distinguen con su casco por lo que es fácil recordar a Senna en la lluvia, siempre con un casco amarillo; Prost en el blanco correspondiente con vivos azules; la bandera austríaca en los lados del casco de Berger, o la lenta transformación de blanco con colores alemanes a totalmente rojo –para convertirse en Herr Redskull como diría el Desmañanado– de Schumacher. Para los más veteranos no dejarán de recordar a Clark en su casco azul marino y visera blanca; Surtees con la línea azul dividiendo su casco blanco o el mismo Pedro Rodríguez con su casco gris plata delineado por un grueso gris Oxford casi negro.

Por ello, resulta tan extraño e interesante –fascinante me atrevería a decir– el fenómeno de Sebastián Vettel. Lejos están los días en que la base blanca de su casco estaba adornada por franjas verdes con azul en la parte de arriba, justo al estilo de Schumacher. Ni se diga cuándo adoptó el genérico diseño de la academia de pilotos de Red Bull con el casco siendo una réplica de las latas de la bebida energética con el logo de la compañía a los lados. Luego llegó su primera victoria en el Gran Premio de Italia de 2008 a bordo del STR3 y todo cambió, literalmente. A partir de ese momento y de la mano de su meteórico ascenso, el alemán se ha encargado de identificarse como el piloto que no trae el casco de Mark Webber en Red Bull. Una larga fila de colores han cubierto su casco en lo que se ha convertido ya un sello personal de Schubastian –ya no es ningún baby Schumi– y que se aproxima a los 60, número de cascos que han sido utilizados por el teutón en los ochenta y tantos GPs que han seguido su victoria inicial en Monza. De la mano de su diseñador, Jens Munser, Vettel se ha encargado de estrenar casco casi después de cada victoria y de dar rienda suelta a su imaginación, siendo ya toda una “tradición” del día jueves, verificar cual será el diseño especial que usará el germano para el gran premio en turno.

¿Es Vettel producto de nuestra sociedad moderna o simplemente un joven que tiene mucho tiempo libre en sus manos? Obviamente los factores económico y tecnológico influyen en la posibilidad de estos cambios de casco del alemán, pero es notorio que Vettel busca distinguirse de una manera distinta al resto, no sólo de la parrilla, sino del establo de pilotos de Red Bull a través de un estilo personal que radica, justamente, en no tener un color definido en su casco que lo identifique del resto. El estilo podrá o no gustarnos pero refleja muy bien una realidad que va en aumento y que podemos apreciar en nuestro país así como en todo el mundo. Ese deseo de movilidad que se refleja en cambio constante, del cual Vettel es el perfecto ejemplo en el mundo del automovilismo y en el que podríamos vernos inmersos en un no muy lejano futuro pues muchos crecerán idolatrando a Schubastian y ello podría implicar adoptar su particular manejo del casco, aunque ya no sería tan original como en estos momentos lo es Vettel.

Pero al final del día, hay algo que Vettel no modifica y es que el teutón mantiene un diseño fijo –muy sencillo pero diseño al fin– y cambia el color según lo que tenga en su mente y el GP en cuestión. Véase el casco que sea, siempre está ese trazo con líneas tenues arriba y abajo del visor pero que dista mucho de ser un patrón distintivo, aunque sea su diseño personal. Lo que pasa con Vettel y su casco quizá se trata simplemente de una forma de demostrar su personalidad –quizá camaleónica– y quizá es un reflejo de generación, pero que pudiera marcar una revolución en el último santuario de individualismo de los pilotos. Sin embargo, se agradece ver este tipo de recordatorios de individualidad y no conformismo en un mundo tan corporativo y monótono como aquel en que se ha convertido la Fórmula Uno.

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