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Una deuda saldada
11 junio 2013 La victoria más grande de Jenson Button fue, sin duda alguna, en el Circuito Gilles Villeneuve durante el Gran Premio de Canadá de 2011 cuando culminó, tras rebasar a Sebastian Vettel en la sexta curva del trazado canadiense en la última vuelta, su remontada desde la posición veintiuno hasta la victoria, ante la sorpresa de todo el mundo que había visto al alemán dominar sin problemas una carrera con el clima cambiante a grado tal que tuvo que ser suspendida en el giro 26 por más de dos horas. Fue un evento atípico en el que los constantes cambios de estrategia de McLaren ayudaron a su piloto inglés a recuperar lugares a la vez que Button manejó de manera impecable en un circuito que otorgaba poco margen para el error.

Jenson terminó con seis visitas a los fosos (una para cumplir una penalización) en esa tarde en un espacio de 4 horas y casi 5 minutos –la carrera más larga en la historia de la Fórmula Uno– para poder completar los 70 giros en Canadá, y aun así no dudó en catalogarla como “posiblemente una de sus mejores victorias” mientras que Whitmarsh fue más allá y consideró que podría ser “de las mejores victorias en la historia de la Fórmula Uno”. Sin embargo, y aunque un segundo lugar suele ser un buen resultado, Vettel no dejaba de verlo como la victoria que se le escapó más que una en la que fue vencido. 69 giros impecables en condiciones desastrosas para que a falta de unas curvas una pequeña salida de la línea seca lo hiciera perder el control, la ventaja y el liderato a manos de Button.

Por otra parte, después de la controversia de las pruebas realizadas por Mercedes GP con los neumáticos y la percepción que el F138 era mejor auto que el RB9 de este año, los ingredientes estaban puestos para que Vettel diera una actuación de época para acallar las críticas y redimir su error de 2011 en el Circuito Gilles Villeneuve. Y vaya que así fue.

Vettel salió a exterminar a la competencia en el GP de Canadá –de igual manera que Ayrton Senna lo hiciera en 1988 en Mónaco– y su éxito fue indudable. El sábado logró la Posición de Privilegio aun cuando su velocidad de punta no era la mejor de la parrilla y el domingo fue tal su dominio que únicamente cinco autos terminaron en la vuelta del líder con que su perseguidor más cercano a casi 15 segundos de diferencia, y el margen no fue mayor en gran medida porque disminuyó el paso para evitar un error como el del brasileño en el principado en 1988. El manejo del alemán se sintió con una rabia pocas veces antes vista, como si fuera necesario demostrar que la victoria en 2011 fue más porque él lo permitió al equivocarse que por méritos propios de Button, como si quisiera demostrar que la pelea por el campeonato en 2013 es pareja porque Red Bull Racing ha sido limitado por la FIA. Así es que Vettel miró apagarse los semáforos para no volver a ver a sus rivales y lo tuvimos imponiendo el ritmo al pelotón y nunca teniendo un rival real por la victoria, tal como hace dos años por lo que no es de dudarse que esa imagen del auto perdiendo el control estuviera
en su mente durante las 70 vueltas del domingo.

Canadá era un trofeo de primer lugar que Vettel le debía a Horner, Newey y el resto de Red Bull Racing, pero también se lo debía a sí mismo, por lo que nos regaló una de sus victorias más dominantes en su corta carrera en la Fórmula Uno –si no es que la más dominante– y de paso dio un golpe de autoridad para comenzar a poner tierra de por medio rumbo a su cuarto campeonato. La imagen de felicidad al final de la carrera también lo era de alivio pues dos años después logró saldar su deuda con su equipo.

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