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Oficiales de pista profesioales
22 junio 2013 Empecemos esta columna con algo obvio: el sistema no va a cambiar. Lo digo, porque sólo quiero entrar en el ejercicio de lo que debería ser un mundo ideal –el cual no existe, pero igual. Así que hablemos de los oficiales de pista, aquellos que tienen que estar desde muy temprano (mucho antes que los periodistas y equipos) y se van muy tarde, sin recibir mucho a cambio de su labor.

Los riesgos de su profesión son grandes, como hemos visto en el pasado. Cierto, se puede considerar que la muerte sucedida en Canadá fue más una mala decisión –tengo entendido que se le cayó el radio atrás de la grúa y decidió recogerlo– pero igual no deberían estar expuestos a esto. Vamos, desde 2000 han habido tres oficiales muertos, dos por llantas que salieron disparadas en accidentes (Australia 2000 y Monza 2001) en los que realmente fue muy mala suerte porque había barreras de por medio, pero insisto, no debería existir este riesgo para gente que, al final del día, realiza trabajo voluntario. En cuestión de seguridad para los oficiales sí podemos decir que NASCAR se ha visto mejor pues, al usar banderas amarillas para todo, permiten que los oficiales entren en un ambiente controlado a la pista.

El premio mayor para un oficial de pista es la oportunidad de participar de una manera más activa en el deporte que ama. Suena bien pues algunos tienen la oportunidad de estar cerca de los pilotos, pero si no te toca un puesto en los fosos, la posibilidad disminuye mucho porque tienes responsabilidades que te alejan de los pilotos cuando ellos están en los fosos. Además, si uno piensa que los puede ver de cerca después de un incidente está en un error porque hay que retirar el auto mientras los pilotos regresan rápidamente a los fosos.

Otro premio es poder viajar, todo pagado, a algunos Grandes Premios, pero esto sólo aplica para los oficiales de alto rango y no en todos los casos. La situación es que hay pocos países que pueden certificar a oficiales de Fórmula Uno, entre ellos Inglaterra, Alemania, México, Estados Unidos y Australia, pero eso no implica que voluntarios locales puedan ejercer algunos de los puestos más bajos del escalafón. En otros casos, sí llega a haber oficiales de otros países, como en el Gran Premio de Estados 2012, pero ellos se pagaron su viaje para poder participar.

No sólo eso, los aspirantes a oficial de Fórmula Uno deben certificarse tomando entrenamientos de varios tipos y dependiendo la función que quieran realizar en la pista, desde la forma correcta de agitar las banderas, pasando por la forma más rápida y segura de atender choques y remover el coche hasta los puestos altos que serían los comisarios –los que toman las decisiones durante la carrera. Todo esto se complementa con la parte práctica que consiste en ser oficial como mínimo durante 12 días (cuatro carreras) durante el año calendario del Gran Premio en el que se quiere participar y 15 días requeridos para la certificación. En varios casos, además se debe pertenecer a alguna asociación de oficiales de pista; no investigué si se requiere pagar cuotas, pero seguramente es el caso.

El problema de profesionalizarlo es que la Fórmula Uno cuenta con los recursos para hacerlo y tal vez un par de categorías más, pero ¿qué se hará con las miles de categorías que corren semanalmente en todos los países? Aquí no es como el soccer donde necesitas entre uno y tres árbitros nada más –por eso cualquier liga de soccer cobra el arbitraje y son profesionales– sino que requieres a mínimo de un puesto de tres oficiales cada 500 metros de trazado –o en casos de ciertas series la distancia se reduce– y antes y después de cada curva más los de entrada y salida de los fosos, por lo que necesita unos 30 o 40 para un circuito chico de un par de kilómetros y los puestos deben ser de más oficiales si hay muchos autos en la pista. Mientras que el modelo sería sustentable en la F1 –aunque Ecclestone no querrá tener menos ingresos– no lo es para las demás series. Es por esto que mucha gente no ve la necesidad de ser oficial de pista y por ende, en los países con menos cultura de deporte motor, es necesario importar hasta los bandereros porque no hay suficientes voluntarios.

Lo ideal sería tener un cuerpo de 200 oficiales de pista –por poner un ejemplo- pagados por la F1 en cada carrera. Estos serían rotados durante el año y los consideraríamos similares a los árbitros con gafete FIFA de tal manera que todos los voluntarios de semana a semana y series inferiores tengan un objetivo claro donde vean recompensado –y valorado– el esfuerzo y tiempo invertidos durante el resto del año.
 
 
 
 
 
 

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